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martes, 9 de febrero de 2016

CORRER RIESGOS



En la vida para alcanzar metas que merezcan la pena hay que correr riesgos. Esto es lo que nos enseña la estupenda película Spotlight (Thomas McCarthy 2015). Un pequeño grupo de investigación del Boston Globe destapó los escándalos de pederastia cometidos durante décadas por curas de Massachussets. La publicación de estos hechos, que la archidiócesis de Boston intentó ocultar, sacudió a la Iglesia Católica como institución.
Observamos como el periódico corre un riesgo importante al meterse en terreno resbaladizo y nada menos que contra una institución poderosa como es la iglesia católica. Pero tanto el editor como el grupo de investigación están dispuestos a correr esos riesgos en aras de que una verdad vea la luz. El riesgo es la esencia de la vida, sin riesgo no hay fruto. El riesgo significa que nada está atado, que el nivel de incertidumbre es grande, si bien el premio al final puede serlo, también puede serlo el batacazo que uno se puede pegar si las cosas no salen como uno tiene pensado
¿De dónde sacan las fuerzas los periodistas para correr el riesgo? Del amor a su profesión. Creen a pies juntillas que su profesión reside en conseguir que la verdad de los hechos vea la luz y en ser un contrapoder de los otros poderes. El cine norteamericano ha tocado en  múltiples ocasiones los temas de la prensa, con notable éxito (Todos los Hombres del Presidente, Network o al Filo de la Noticia).
Para correr riesgos debes amar lo que haces. Te debe apasionar. Es entonces cuando no te importan demasiado las consecuencias, te centras en alcanzar el objetivo, aún cuando por el camino te lleves muchas cosas por delante y en ocasiones cosas o personas a las que quieres.
El periodismo, cuando es auténtico e independiente, no al servicio de otros poderes o intereses, es una de las profesiones más apasionantes que existen. Eso de luchar, trabajar por revelar una verdad, por muy dura que sea es apasionante. Además el periodismo auténtico actúa como garante del resto de libertades. Sin periodismo auténtico no hay libertades. Se enmascaran, se manipulan

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